
Un joven chino se sube a una tabla con motores, despega y cruza un río como si estuviera dentro de una película de superhéroes. Las imágenes parecen ciencia ficción, pero detrás hay un prototipo real, varios ensayos difíciles y un ingrediente inesperado: la inteligencia artificial ayudó a encontrar el fallo que casi acaba con el proyecto y, más tarde, a entrenar el equilibrio del piloto.
El inventor se llama Song Xingyu, conocido como Shenqi Ayu o Amazing Ayu. Vive en la provincia china de Hubei y desarrolló una tabla voladora inspirada en el vehículo del Duende Verde de Spider-Man. En octubre de 2026 publicó demostraciones en las que aparece desplazándose sobre una plataforma de propulsión eléctrica en zonas cercanas al río Yangtsé y a un desfiladero de su región. Los vuelos fueron recogidos por medios chinos e internacionales, aunque las prestaciones exactas y la seguridad del aparato no han sido certificadas independientemente.
La noticia no es solo que haya conseguido elevarse. Es cómo la combinación de ingeniería experimental, motores de dron, sensores de teléfonos e inteligencia artificial ayudó a pasar de un primer prototipo incendiado a otro capaz de realizar vuelos tripulados de demostración.
De una película a un aparato que despega
La inspiración fue una escena reconocible: el Duende Verde surcando el aire sobre su característica plataforma. Para un espectador es un efecto cinematográfico; para Song Xingyu fue un desafío de ingeniería. Su objetivo consistía en diseñar una estructura sobre la que una persona pudiera mantenerse de pie mientras unas unidades de propulsión levantaban el conjunto del suelo.
Una tabla así no funciona por magia ni por levitación magnética. Es una aeronave experimental de sustentación motorizada: desplaza aire hacia abajo para generar una fuerza hacia arriba, igual que hacen los rotores de un dron, pero con una carga humana y riesgos muy superiores.
En las imágenes difundidas se observa al piloto erguido sobre una estructura mecánica con brazos laterales y propulsores. La plataforma puede despegar y maniobrar en demostraciones controladas. Eso no significa que pueda circular libremente por cualquier ciudad ni que exista ya un modelo comercial para comprar.
El primer intento terminó en llamas: aquí empezó la ayuda de la inteligencia artificial
El desarrollo no fue una línea recta. La primera versión incorporaba cinco pequeños motores de reacción, una solución llamativa por su potencia, pero delicada por las altas temperaturas y la ubicación de los motores cerca del suelo. Durante las pruebas de potencia, el conjunto sufrió un incendio que afectó a componentes y cableado.
Según la reconstrucción publicada por Shanghai Daily / City News Service a partir de informaciones del proyecto, Song trasladó datos de la prueba a un agente de inteligencia artificial. El sistema relacionó el problema con los gases de escape calientes que, tras rebotar en el suelo, podían volver hacia las tomas de aire de los motores. También le propuso reconsiderar el esquema de propulsión.
En términos sencillos: el prototipo falló, el creador recopiló lo ocurrido y utilizó una herramienta de IA para buscar una explicación técnica y comparar alternativas. No hay una auditoría independiente que permita afirmar que la IA descubrió por sí sola, con certeza absoluta, la causa del incendio; lo que sí documentan las crónicas es el uso del asistente como apoyo en el diagnóstico.
El cambio que siguió fue decisivo. Song abandonó la primera configuración de turborreactores y construyó una segunda versión con propulsión eléctrica distribuida. La IA no soldó piezas ni sustituyó el trabajo del ingeniero: ayudó a orientar la investigación del problema y una decisión de rediseño.
Segunda versión: diez motores eléctricos como los de un dron, pero mucho más potentes
El modelo posterior utilizó diez conjuntos de propulsión eléctrica con motores sin escobillas (brushless), distribuidos alrededor de la plataforma. Estos motores son habituales en aeronaves no tripuladas porque responden con rapidez a órdenes electrónicas de aceleración y permiten controlar el empuje de forma graduada.
La prensa especializada atribuye a este conjunto una potencia de elevación elevada y un consumo eléctrico máximo considerable, pero los datos detallados de empuje, batería, redundancias y comportamiento ante averías no están disponibles como ficha técnica homologada. Conviene separar los valores anunciados durante una demostración de lo que habría sido medido y certificado en un programa aeronáutico formal.
La idea física es relativamente fácil de imaginar: si los rotores empujan suficiente aire hacia abajo, la plataforma puede elevar al piloto. La dificultad es mantener ese empuje equilibrado en cada instante. En un dron, los controladores compensan pequeñas variaciones. Cuando una persona está de pie sobre la máquina, cualquier desplazamiento de las rodillas, los hombros o el tronco puede afectar al centro de gravedad y complicar el control.
La segunda gran aportación de la IA: un copiloto que le decía cómo colocarse
Con el nuevo sistema, elevarse dejó de ser el único problema. El equilibrio del piloto pasó a ser uno de los desafíos centrales. Un movimiento demasiado brusco del cuerpo puede desestabilizar una plataforma sin asiento ni cabina.
Según la información publicada por Tech360 y otros medios, Song utilizó dos teléfonos: uno integrado en la plataforma para obtener datos de inclinación y otro que llevaba consigo. Mediante un sistema asistido por IA y unos auriculares, recibía indicaciones sobre su postura y la distribución del peso mientras aprendía a pilotar.
Imagina un entrenador que observa las señales del movimiento y te avisa de que estás desplazando demasiado el peso hacia un lado. Esa es la función comunicada para el asistente: interpretar información, señalar posibles correcciones y ayudar al humano a reaccionar mejor. No significa que un chatbot estuviera pilotando autónomamente la aeronave. El control físico y las decisiones del piloto continuaban siendo fundamentales.
El inventor practicó durante más de diez días antes de las demostraciones difundidas durante las vacaciones nacionales chinas de octubre de 2026. Las fuentes describen también caídas y dificultades en los ensayos, recordándonos que no estamos ante un juguete ni ante una tecnología madura.
¿La tabla voladora funciona de verdad o los vídeos están hechos con IA?
Esta pregunta es inevitable. En las redes sociales se han compartido grabaciones del aparato sobrevolando el agua y atravesando zonas rocosas. Song ha declarado que las escenas de vuelo son reales y que no se crearon mediante generación de vídeo con inteligencia artificial. La prensa china ha informado sobre ensayos y entrevistas relativas al proyecto.
Hay además datos concretos comunicados sobre algunas demostraciones: fuentes locales citaron un vuelo del 6 de octubre de algo más de dos minutos y unos 300 metros de recorrido. Estas cifras son informaciones periodísticas atribuidas a la demostración, no mediciones independientes de prestaciones máximas. Tampoco prueban la existencia de certificación de aeronavegabilidad.
Algunas personas en internet han planteado dudas sobre posibles retoques de las grabaciones y la manera de controlar el vehículo. La existencia de esas dudas no demuestra un engaño, pero tampoco conviene convertir un vídeo espectacular en prueba suficiente de seguridad o de todas las capacidades anunciadas.
El vídeo que inspiró este artículo puede verse aquí: vídeo explicativo de la tabla voladora del Duende Verde.
¿Qué papel desempeñó realmente la inteligencia artificial?
Este proyecto permite identificar tres aplicaciones distintas y muy concretas de la IA al mundo físico:
- Análisis de fallos. El inventor utilizó un agente para examinar datos de una prueba que terminó con un incendio y estudiar posibles causas técnicas.
- Apoyo a decisiones de diseño. Una recomendación documentada fue abandonar la configuración inicial de pequeños reactores y considerar una arquitectura de propulsión eléctrica distribuida. El creador tuvo que materializar y ensayar el cambio.
- Asistencia durante el entrenamiento. Un sistema con sensores y teléfonos proporcionaba indicaciones sobre postura y equilibrio mediante auriculares, ayudándole a interpretar señales durante los ensayos.
Es importante distinguir la IA generativa —que responde preguntas, resume documentación o propone hipótesis— de los sensores, la electrónica de control y los algoritmos que gobiernan físicamente un vehículo. No todos esos componentes son inteligencia artificial ni es correcto atribuir al asistente todo el funcionamiento de la máquina.
En FórmateConIA hemos abordado otros usos en ingeniería, como los agentes de IA aplicados al desarrollo de sistemas embebidos y los sistemas que utilizan datos para detectar fallos en infraestructuras de IA. Son escenarios muy diferentes, pero comparten una idea: el valor de la herramienta está en transformar información técnica en decisiones que luego deben comprobarse.
Por qué este experimento no significa que mañana vayamos al trabajo en una tabla voladora
Un prototipo que se eleva durante una demostración no equivale a un transporte seguro. Para que una plataforma voladora personal pudiera llegar al uso cotidiano tendría que superar obstáculos importantes:
- Seguridad ante averías: qué ocurre si se detiene un propulsor, falla un sensor o hay un problema en la alimentación eléctrica.
- Estabilidad: cómo responde ante ráfagas de viento, maniobras imprevistas o cambios de peso del piloto.
- Autonomía y batería: cuánto tiempo puede sostener vuelo útil con una reserva energética y unos márgenes de seguridad adecuados.
- Protección de personas: riesgo de rotores expuestos, colisiones y caídas cerca de terceros.
- Autorizaciones y certificación: normas aeronáuticas, restricciones del espacio aéreo y verificaciones técnicas aplicables a un eventual producto.
En este caso hablamos de pruebas experimentales de riesgo elevado. Ni las imágenes ni las declaraciones del creador deben interpretarse como instrucciones para construir una máquina semejante, ni como demostración de que sea segura. El propio proyecto se ha presentado como una experimentación, no como un aparato disponible para el público.
Una lección más grande que la tabla: la IA puede acompañar el desarrollo de inventos reales
Quizá el aspecto más interesante de esta historia no sea la semejanza con un supervillano de cine, sino el método de trabajo que ilustra. Song no empezó con una solución definitiva: probó, falló, investigó, cambió de enfoque y entrenó. La inteligencia artificial apareció como herramienta de análisis y acompañamiento, no como sustituto de la experiencia práctica.
Eso puede resultar valioso para pequeños desarrolladores, profesionales técnicos y personas que están aprendiendo a crear productos: los asistentes inteligentes pueden ayudar a entender documentación, formular hipótesis y organizar iteraciones, siempre contrastando las respuestas con mediciones, pruebas y asesoramiento especializado cuando hay riesgos.
Si te interesa la vertiente creadora de la inteligencia artificial, en el blog también analizamos una formación centrada en crear aplicaciones y productos digitales con IA y un curso sobre automatización local con n8n. Son recursos formativos de ámbitos distintos de la aviación, pero muestran cómo estructurar procesos y aprovechar herramientas inteligentes.
Preguntas frecuentes sobre la tabla voladora
¿Quién la ha construido?
Song Xingyu, creador chino conocido por el alias Amazing Ayu, a partir de un proyecto personal de ingeniería experimental inspirado en Spider-Man.
¿La inteligencia artificial diseñó toda la tabla?
No hay pruebas de eso. Según las crónicas consultadas, un agente de IA le ayudó a analizar el problema de su primer prototipo y sugirió una alternativa de propulsión. Más tarde, utilizó un sistema con teléfonos y avisos de IA como asistencia en el entrenamiento del equilibrio.
¿La IA conduce la tabla sin piloto?
No es lo que está documentado. El inventor va sobre la plataforma y la IA descrita por las fuentes funciona como apoyo para interpretar inclinación y postura; no se ha verificado un pilotaje autónomo.
¿Se puede comprar la tabla?
No consta que sea un producto comercial homologado. Es un prototipo experimental construido por su creador.
¿Es seguro construir una igual?
No. Las pruebas descritas implican propulsión de alta potencia, vuelo tripulado y riesgos de accidente graves. No es un proyecto de bricolaje doméstico ni debería replicarse sin los recursos profesionales y autorizaciones pertinentes.
Conclusión: la ciencia ficción inspiró la idea; los ensayos y la IA ayudaron a hacerla despegar
La tabla voladora de Song Xingyu es una de esas historias que parecen sacadas del cine y que obligan a comprobar cada afirmación. La hazaña comunicada es real como demostración experimental, aunque las prestaciones completas y su seguridad independiente siguen sin certificar. Y la participación de la IA tiene un valor concreto: ayudó a interpretar un fallo peligroso, influyó en el cambio de arquitectura y ofreció asistencia durante los entrenamientos.
La imagen del piloto elevándose sobre un río impresiona. Pero la enseñanza más útil es otra: cuando la inteligencia artificial se combina con datos, criterio humano y experimentación responsable, puede convertirse en una herramienta para desarrollar tecnología fuera de la pantalla.
Fuentes y vídeo
- Shanghai Daily / City News Service, 22 de octubre de 2026: historia del inventor, fallos del primer prototipo y asistencia con IA.
- Tech360, octubre de 2026: estructura eléctrica y limitaciones de seguridad.
- Crónica china sobre las pruebas de Badong, octubre de 2026: detalles del desarrollo y las demostraciones.
- Vídeo explicativo compartido por un lector.
Nota editorial: la imagen destacada es una fotografía ilustrativa de un dron de hélices, no una fotografía del prototipo de Song Xingyu. Autor de la fotografía: Bence Balla-Schottner / Unsplash.
